De los 44 millones de teléfono que hay en España, alrededor de 250.000 son robados al año, con el consiguiente perjuicio para el usuario, que debe comprar uno nuevo y pagarlo de su bolsillo. Si a esto le sumamos que cada día los teléfonos móviles incluyen un mayor número de funciones (cámara de fotos, agenda electrónica, reproductor de música, etc.) y por lo tanto son más caros, afrontar el robo de un teléfono móvil puede suponer un desembolso de entre 300 y 500 euros.
Además, en muchas ocasiones los usuarios deben hacer frente a la rotura de sus teléfonos móviles, pagando la reparación, y en el peor de los casos, adquiriendo uno nuevo.
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